Un mundo basado en la abundancia

Un mundo basado en la abundancia

Cómo es; cómo no es

Por Wade Frazier

Mayo de 2006

Introducción

Economía y energía

La exuberancia no es lo mismo que la abundancia

“Sostenible” no significa abundante

¿Cómo es la abundancia?

Notas al pie

Introducción

Las experiencias que tuve durante más de treinta años en el mundo de la nueva energía [nota del traductor: Wade Frazier define "nueva energía" como "energía obtenida de fuentes que la física de los libros de texto no reconoce actualmente como viables"] y otros ambientes podrían resumirse como mi "búsqueda de la abundancia". Aunque hay algunos conceptos populares que aluden a un paradigma de abundancia, el principio de la escasez está tan profundamente arraigado en la humanidad que puede parecer imposible simplemente imaginar la abundancia. Así, por ejemplo, ni siquiera un gran erudito como Richard Heinberg parece capaz de concebir la abundancia. Concibe el mundo como una dicotomía entre "crecimiento infinito", por una parte, y "sobrecarga y colapso", por otra. Para R. Buckminster Fuller, la razón por la que la humanidad se resiste con esa fuerza aparentemente invencible a la mera idea de la abundancia es porque lleva tanto tiempo viviendo en la escasez que el Juego de Suma Cero ("el único modo de mejorar mi vida es explotar a los demás") ya se ha integrado totalmente en la conciencia humana. El hecho de que actualmente la escasez nos es impuesta artificialmente por quienes desean tener poder hace que sea todavía más difícil conseguir la abundancia. Ya simplemente intentar comprender lo que es la abundancia es una tarea difícil. De ahí este ensayo, que pretende explicar el principio de la abundancia.

 

Economía y energía

El motor de la vida en la Tierra siempre ha sido la luz solar; la energía captada a través de la fotosíntesis ha sido la base de prácticamente todos los ecosistemas. Sin energía, no hay vida. Los científicos creen que los árboles evolucionaron porque algunas plantas intentaron acercar sus hojas más a la luz para así poder absorber más luz que las plantas más bajas cubiertas por su sombra. Las plantas con flores producen fruta para atrear a los animales, que se comen la fruta y luego reparten las semillas. Una clase de mamíferos desarrolló pulgares y dedos del pie oponibles para mejor poder moverse por los árboles en su busca de fruta y otros alimentos arbóreos. Algunos de estos primates terminaron abandonando los árboles, muy probablemente por motivos relacionados con la comida. Algunos de ellos aprendieron a caminar erectos, perdieron sus dedos de pie oponibles y pudieron usar sus manos para otros fines. Desarrollaron cerebros más grandes, se adaptaron a diferentes entornos y circunstancias durante millones de años y, hace algo más de cien mil años, apareció el hombre anatómicamente moderno. Todas las migraciones, las adaptaciones y las herramientas que el ser humano fabricó en sus primeros tiempos tenían como objetivo primario la adquisición, preservación y consumo de energía.

Hace unos cuarenta mil años, los seres humanos mejoraron su tecnología y tácticas para la caza hasta tal punto que se convirtieron en superdepredadores. Conquistaron la mayoría de los ecosistemas terrestres y poblaron todos los continentes salvo la Antártida. También contribuyeron a la extinción de casi todos los animales grandes y fácilmente cazables del planeta, especialmente los grandes mamíferos. Cuando hubo desaparecido la carne fácil tuvo lugar la Revolución de la Domesticación, al parecer de modo independiente en Mesoamérica (el actual México), China y el Creciente Fértil (Irak, Egipto y alrededores). La domesticación de las plantas y los animales permitió a los humanos adoptar una vida sedentaria, porque podían extraer más energía por unidad de superficie. De este modo las poblaciones se volvieron más densas y se desarrolló la civilización. Las ciencias económicas son el estudio del bienestar material de la humanidad, y la realidad económica fundamental siempre ha sido el estómago humano. Desde los comienzos de la Revolución de la Domesticación, hace unos diez mil años, hasta la Revolución Industrial, hace unos doscientos años, la principal preocupación de la mayoría de los humanos ha sido tener lo suficiente para comer.

La Revolución Industrial fue posible porque el ser humano consiguió aprovechar mucha más energía de la que antes podía explotar, y actualmente los estadounidenses consumen unas ochenta veces la cantidad de energía que les proporciona la dieta. Los estadounidenses también son los humanos más gordos y sedentarios de toda la historia, seguidos de cerca por el resto del mundo industrializado. El consumo de energía es con mucho la medida más importante de la producción económica y el nivel de vida de una sociedad. La sociedad británica es una de las más educadas y ricas del mundo, mientras que Etiopía tiene una de las sociedades menos educadas y más pobres, pero si tomamos su producción económica y la dividimos por su consumo de energía, obtenemos casi exactamente la misma tasa. Lo mismo ocurre en todas las sociedades del mundo, desde las más ricas hasta las más pobres. La teoría económica moderna, sin embargo, suele ocultar esta relación, y a continuación expongo las razones principales, según mi entender.

Cuando el hombre se volvió sedentario y aparecieron las civilizaciones, el estado de salud del ser humano empeoró. La dieta proporcionada por la agricultura temprana no era sana, especialmente a causa de la comida muerta que había que comer entre las estaciones de cosecha, y tampoco las primeras civilizaciones eran muy limpias. Además, había poca cantidad de todo, por lo que el comienzo ha sido llamado la transición “del igualitarismo a la cleptocracia”. El desarrollo de la civilización fue acompañado por una estratificación económica, política y social. Todos los sistemas políticos de todos los tiempos han girado en torno a la cuestión de quién recibe los beneficios de la producción económica y, como dijo Fuller, todos los agentes políticos son “hombres de paja” de los intereses económicos. Aparecieron las profesiones y nacieron las “élites”, que ascendieron en la jerarquía. Todas las élites de todas las civilizaciones se han caracterizado por el elitismo económico. Mientras las élites vivían en la opulencia y consumían abiertamente grandes cantidades de recursos económicos como señal de su estatus, las personas situadas en los peldaños más bajos de la jerarquía, como los esclavos, apenas conseguían sobrevivir. Esta situación se debía a la escasez económica.

La teoría económica moderna se divide generalmente en tres partes:

  1. La producción de riqueza;

  2. La distribución (o el intercambio) de riqueza;

  3. El consumo de riqueza.

Como he señalado antes, la producción económica está casi totalmente dependiente de la energía. El consumo es el uso que se da a esa producción económica. La distribución y el intercambio determinan quién acaba consumiendo la producción. El dinero, la banca, los contables, las leyes –en resumen, lo que hoy en día pasa por economía– tienen que ver principalmente con el intercambio. En un mundo de escasez, la cuestión central es quién posee qué. Por eso la teoría económica se centra tanto en el intercambio, especialmente en la vida diaria. En las civilizaciones antiguas, los esclavos recolectaban/producían la riqueza mientras las élites la consumían. En aquel entonces, el intercambio consistía en separar a los esclavos del fruto de su labor, para el beneficio de la élite. Esta dinámica básica se ha repetido en todas las civilizaciones hasta la fecha. El socialismo y el comunismo son intentos conscientes de mejorar esta dinámica, pero siguen suponiendo que hay escasez económica. La principal diferencia entre la teoría capitalista y la comunista está en quién creen que debería recibir el beneficio de los pocos recursos disponibles. Según el capitalismo, son los capitalistas, que han organizado el sistema astutamente para su propio beneficio, los que deberían obtener la mayor parte de la producción. El comunismo, en cambio, asevera que los que hacen el trabajo duro son los que deberían recibir una parte justa de lo que han producido. En el mundo industrializado, todo el trabajo realmente duro es realizado por máquinas. Mientras el capitalismo explota mediante la violencia y la coacción, el comunismo es un igualitarismo forzado. En la práctica, ambos sistemas violan el libre albedrío de las personas.

No es casualidad que la esclavitud apareciera al principio de la civilización y desapareciera cuando empezó la industrialización. El motivo es la energía. Cuando cada estadounidense consume ochenta veces las calorías que le aporta la dieta, es como si tuviera ochenta esclavos. Esta es la dinámica central de la Revolución Industrial. Los esclavos humanos dejaron de ser prácticos cuando hubo esclavos "energéticos" que podían hacer el trabajo. Donde no hubo cambios fue en la explotación económica, que seguía siendo para el beneficio de la élite. Los sistemas económicos, políticos y sociales siguen siendo muy jerárquicos. El hombre más rico de Estados Unidos, Bill Gates, posee tanta riqueza como alrededor de la mitad de los ciudadanos estadounidenses juntos. En otras palabras, un solo hombre tiene tanto como más o menos cien millones de personas, la mayor disparidad en toda la historia. Para aceptar o defender una situación tan obviamente injusta, las personas han tenido que desarrollar muchas ilusiones egocéntricas basadas en el principio de la escasez. El ego humano es nuestro tendón de Aquiles colectivo.

Toda civilización funciona gracias a la energía que consume, un hecho que la mayoría de los habitantes de estas civilizaciones nunca aprenden, olvidan convenientemente, o minimizan. Todas las civilizaciones colapsadas desaparecieron en gran parte porque agotaron sus fuentes de energía, y quien observa el mundo actual y lo comprende de verdad se da cuenta de que la civilización industrializada colapsará a no ser que se descubran y usen fuentes de energía no fósiles. Todas las guerras de todos los tiempos han tenido motivos principalmente económicos, a pesar de todas las razones superficialmente nobles que las élites han inventado. Es difícil convencer a las masas para que vayan a la guerra para satisfacer el egoísmo descarado de las  élites. Es más fácil esgrimir argumentos como la defensa propia, la religión, el nacionalismo, el humanitarismo, la libertad, la democracia...  El ejemplo más obvio de que las guerras tienen motivos económicos es la invasión estadounidense de Oriente Medio (y sus amenazas militares contra Irán y Venezuela), que forma parte de su campaña para apoderarse del motor de la economía mundial: las reservas mundiales de combustibles fósiles. Como era de esperar, los medios estadounidenses repitieron obedientemente la propaganda del gobierno de Bush casi palabra por palabra. Casi nunca mencionaron tan siquiera la auténtica razón, que es obvia para todos los habitantes del planeta, menos para los cerebros lavados de los ciudadanos estadounidenses. El actual presidente, vicepresidente y secretario de estado son todos antiguos ejecutivos de la industria petrolera.

Los occidentales actuales harían bien en reflexionar sobre cómo su vida moderna depende del consumo de energía. Todo lo que hay de material en nuestra vida, sea madera, comida, agua, metal, plástico, etc., está a nuestra disposición porque se ha invertido energía en ello. El transporte, las comunicaciones electrónicas, los entornos seguros y acogedores para el ser humano, las máquinas y otras comodidades de la vida moderna, todo esto existe y funciona gracias a la energía. Sin ella, todo se queda parado al instante.

 

La exuberancia no es lo mismo que la abundancia

Hace muchos años, Carl Sauer, uno de los académicos más grandes que Estados Unidos jamás ha producido, afirmó que la ideología moderna ensalza una producción económica que siempre va en aumento y un nuevo planeta que pide a gritos que le llenen de gente, pero que esa ideología no toma en cuenta que el precio del “progreso” de Occidente fue el “empobrecimiento permanente del mundo”. Según Sauer, esas ideas tan temerariamente optimistas eran el resultado de una actitud nacida de la conquista europea del mundoJulian Simon fue un apóstol moderno de esa actitud. Yo la llamo la “economía violadora y saqueadora" o el "capitalismo buitre”. La conquista europea del mundo fue, ante todo, una empresa económica. Dondequiera que aparecieran los europeos, los pueblos nativos quedaron devastados porque los europeos les subyugaron (España en el Nuevo Mundo, Gran Bretaña en la India, varios agentes imperiales en Africa), les exterminaron para apoderarse de sus tierras (Inglaterra/Gran Bretaña y Estados Unidos en el Nuevo Mundo, Gran Bretaña en Tasmania/Australia), o destruyeron el entorno nativo con su explotación económica (Estados Unidos y España en el Nuevo Mundo).

En su libro Overshoot, William Catton repite el tema de Sauer.  Overshoot es considerada una obra neomalthusiana ya que, en esencia, dice lo mismo que la “ciencia funesta” de Thomas Malthus en su día:  las personas siempre acabarán agotando sus fuentes de energía. En el mundo preindustrial de Malthus, la principal forma de energía era la comida. Sin embargo, hay poca diferencia intrínseca entre una caloría de comida introducida en un estómago humano, y una caloría de gasolina introducida en el depósito de un automóvil. Ambas son fuentes de energía basada en el sol y empleada para impulsar las actividades humanas. Lo que ocurre es simplemente que las personas ya no se mueven por el planeta impulsadas por calorías alimentarias, sino por gasolina.

Catton llamaba al optimismo temerario de Sauer “exuberancia emocional” y lo definió como un “estado de ánimo casi eufórico” que, en el contexto de su obra, se refería al colocón emocional que uno experimenta al consumir sus recursos (“exuberancia ambiental”), hasta que llega el momento en que se agotan y viene el inevitable colapso.[1] Esa exuberancia se debía a que la gente no podía o no quería comprender que consumir algo más rápido de lo que se puede reponer lleva inevitablemente a un "después" funesto cuando el recurso se agota. Esto es otra variante del Juego de Suma Cero, una variante en la que se hace caso omiso a los perdedores en el saqueo exuberante de los recursos (el principal recurso es la energía, pero también están las personas).

El concepto de “exuberancia” de Catton es virtualmente irrebatible y describe de manera apta la mentalidad del ciudadano europeo y del estado colonizador de los últimos siglos. Esta exuberancia egocéntrica, sin embargo, no tiene nada que ver con una mentalidad de abundancia. La mentalidad de exuberancia afirma que “siempre hay más que sacar”, incluso cuando no es así.

 

“Sostenible” no significa abundante

Ahora que algunos han comprendido con horror la naturaleza sorprendentemente miope y rapaz de los sistemas económicos occidentales, en muchos lugares se está promocionando el concepto de “sostenibilidad”. Ninguna sociedad industrializada se acerca tan siquiera a lo que es la sostenibilidad, no cuando su recurso primario está siendo consumido casi un millón de veces más rápido que cuando se creó. Los ambientalistas han adoptado la filosofía de “montemos todos en bici” y están ideológicamente opuestos a la idea de la abundancia; prefieren soluciones basadas en la austeridad (lo contrario de la abundancia), la clase de soluciones que según Fuller está destinada a fracasar.[2] Muchos occidentales también han examinado el mundo preindustrializado en busca de sociedades “sostenibles”. El concepto de sostenibilidad que promocionan es el siguiente: los seres humanos pueden cosechar los ecosistemas “sosteniblemente”. Esto a menudo fue posible en las culturas preindustriales, como en la cultura del noroeste pacífico, la cultura de las grandes llanuras, la cultura de los bosques orientales, la cultura de las tierras altas de Nueva Guinea, quizá también la cultura de la Amazonia, y en algunas más. Aquellas culturas no practicaban al mismo tiempo la deforestación y la agricultura del arado, que termina convirtiendo tierra fértil en desierto, como sucedió en el Creciente Fértil y en otros lugares. Sin embargo, esta clase de solución sostenible tampoco está basada en el principio de la abundancia. Todavía se trata de un juego de suma cero, y quienes pagaron el precio en los casos citados fueron nuestros amigos los animales. El hombre ha desplazado y/o /extinguido la flora y fauna nativas en todos los lugares que ha pisado durante los últimos 50.000 años. Además, la mayoría de las culturas sedentarias preindustriales, si no todas, contaban con alguna forma de servidumbre forzada. Puede que nunca hubiera ninguna “edad de oro” en nuestro pasado y, desde luego, ninguna que estuviera basada en la abundancia.[3] Luego los europeos conquistaron el mundo y desencadenaron otra ola de desplazamientos y extinciones, esta vez no de los animales, sino de los pueblos preindustrializados. El concepto popular actual de “sostenible” sigue basado en la escasez.

 

¿Cómo es la abundancia?

Como señalé antes, los conceptos basados en la abundancia son del tipo “hagamos lo que hagamos, salimos ganando” [en inglés: win-win concept] y puede que sean la opción preferida de todo el mundo, aunque hay muchas almas jóvenes que prefieren jugar al "yo gano y tú pierdes". ¿Qué es la auténtica abundancia, y cómo es? Hoy en día muchas personas están imaginando un mundo basado en la abundancia, pero muy pocos abordan la cuestión de la abundancia económica y cómo esta depende de que haya abundante energía disponible. Pero es que, sin abundancia económica, las otras ideas basadas en la abundancia probablemente no son factibles.

La clave para que un mundo basado en la abundancia sea factible es la nueva energía. Si las personas vivieran en medio de la abundancia, no solamente nunca irían a la guerra, sino que tampoco harían daño a otros seres vivos o, al menos, vivirían lo más cerca posible de este ideal. En un mundo basado en la abundancia...

  • nuestros métodos para producir energía no serían destructivos para los humanos o el planeta;

  • podríamos satisfacer nuestras necesidades de agua con un impacto ambiental cero;

  • no explotaríamos los bosques y las selvas, ni para usar sus productos ni arrasándolos para obtener tierras de cultivo;

  • produciríamos toda nuestra comida con un impacto ambiental casi cero; no dominaríamos ni explotaríamos los ecosistemas para servir las necesidades humanas;

  • las personas serían casi exclusivamente vegetarianas (no comer nada que tuviera cerebro);

  • no necesitaríamos estragar la tierra para obtener metal, vidrio y otros materiales;

  • el aspecto intercambio de la economía o desaparecería o se volvería casi irrelevante, ya que nadie necesitaría o desearía guardar cuentas; el dinero, los contables, abogados y demás profesiones relacionadas con el intercambio desaparecerían en gran parte; las cuentas que todavía se guardaran reflejarían el bienestar de todos los seres vivos, no solamente del ser humano;

  • desaparecerían en gran parte conceptos como "correcto" o "incorrecto", o "acertado" o "equivocado", porque ya nadie dependería para su supervivencia de siempre tomar las decisiones más adecuadas;

  • al satisfacerse nuestras necesidades materiales sin explotar a otras formas de vida (ni siquiera las plantas), el paradigma del "cuerno de la abundancia" se volvería realidad, porque siempre habría más de todo, y no se haría daño a nadie ni nada para obtenerlo;

  • con una dieta ideal compuesta de alimentos "vivos" y un mundo limpio, casi todas las enfermedades actuales desaparecerían, y las enfermedades que se manifestasen serían curadas de verdad, en vez de ser sometidas a los “tratamientos” médicos basados en la codicia que existen hoy en día;

  • las personas podrían cubrir las necesidades de la vida con muy poco esfuerzo, y ese esfuerzo lo harían libremente para el beneficio de todos.

En una realidad basada en la abundancia, la inteligencia y capacidad manipuladora humanas se emplearían para hacer de este mundo un lugar mejor y para divertirse, en vez de para explotar y violar a los demás. Existen otras visiones de un mundo basado en la abundancia que podrían ayudar a comprender mejor el concepto, como las que vienen a continuación.

La serie televisiva Star Trek, especialmente La nueva generación, muestra un mundo basado parcialmente en la abundancia. A bordo de las naves estelares hay replicadores que proporcionan cualquier tipo de comida, ropa y otro material que las personas necesiten. En esa realidad, el dinero se ha convertido en un concepto obsoleto. No he visto ningún episodio de Star Trek con esta situación, pero imaginémonos que meten a un hombre del mundo actual en una habitación con un replicador y él se pasa un día replicando comida, amontonándola en un rincón. Luego replica un vestuario enorme. Después se pone a replicar oro y diamantes, amontonándolo todo en otro rincón. En pocos días llena la habitación entera con cosas replicadas; tanto necesidades como lo que ahora llamamos artículos de “lujo”. Después va a la holocubierta y crea un paraíso virtual, con harén incluido. Se atiborra de comida y duerme encima de un montón de oro rodeado de sus mujeres virtuales. Al final, sin embargo, se daría cuenta de lo ridículo que es su comportamiento. Y si no se diera cuenta después de un tiempo razonable, el Capitán Picard o la Consejera Troi vendrían y le preguntarían qué está haciendo. Terminaría dándose cuenta de que, en un mundo de abundancia, su conducta es una locura.

Michael Roads relata muchas experiencias místicas increíbles en sus libros, pero la más asombrosa fue la primera, la que le empujó a emprender su viaje. En Into a Timeless Realm, describe su visita a dos civilizaciones futuras, ambas situadas unos 300 años en el futuro. Las dos civilizaciones exploraron los dos  “extremos” del principio del amor: los que elegían el amor y los que no. Primero visitó un mundo infernal y muy jerárquico muchas veces peor que la ciudad de Los Angeles que se ve en la película Blade Runner. En un mundo donde todas las personas se ocupaban primero de sí mismas, todos perdían. Luego Roads visitó el mundo donde las personas elegían el amor y tuvo una experiencia alegre casi inimaginable. Como especie, nos enfrentamos hoy a una paradoja divina: sólo cuidando a los demás podemos salvarnos a nosotros mismos.

El “Dios” de Neale Donald Walsch diría que el mundo que Roads visitó era uno poblado con “seres altamente evolucionados”. En las sociedades de seres altamente evolucionados reina el principio de la abundancia, y el tiempo que uno pasa en su “trabajo” se llama “tiempo de alegría” y sirve para realizar los propósitos del alma. En esas sociedades nadie tiene un “trabajo” que odia.

Fuller dijo que cuando se hiciera realidad la abundancia económica (si no nos destruimos primero), la humanidad todavía tendría muchas cuestiones que abordar, como cuando dos hombres se enamoran de la misma mujer, pero los esfuerzos de la humanidad estarían encaminados más hacia la autorrealización que hacia la supervivencia.

¿Y si, en vez de ochenta veces las calorías disponibles en nuestra dieta –un nivel que sólo algunos pueblos industrializados disfrutan hoy– todos los seres humanos pudieran disponer de mil veces la energía de su dieta? Si todo ser humano tuviera mil “esclavos energéticos” (o diez mil) y usándolos no hiciera daño a nadie, ¿alguna vez volvería a haber pobreza en este planeta? Ya existe la tecnología para que esto sea una realidad diaria para todos los seres humanos.

Podemos tener abundancia, pero primero tenemos que imaginarnos cómo sería. ¿Queremos intentarlo? ¿Queremos la abundancia? La elección es nuestra.

 

Notas al pie

[1] Véase Overshoot de William Catton, págs. 275-276. 

[2] Es mi opinión que los ambientalistas están enganchados a la austeridad y se oponen ideológicamente al concepto de la abundancia. He formado esta opinión después de interactuar personalmente con ellos durante muchos años, y después de ver cómo otros también intentaron interesarles por la nueva energía. Richard Heinberg es sólo un ejemplo entre muchos.

[3] Véase, por ejemplo, The Third Chimpanzee de Jared Diamond, capítulo 17, “The Golden Age That Never Was.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Volver al inicio (la dirección en Internet de mi página web es http://www.ahealedplanet.net/homesp.htm).